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Club literario El rincón del caminante

Un director asertivo

Un director asertivo

UN DIRECTOR ASERTIVO

No cabe duda, que el tiempo determina nuestro trabajo. ¿Por qué digo esto?

De joven como médico, me gustaba tratar pacientes, pero, el tiempo pasa y lo único que sabe hacer es añadirnos años. Ya de mediana edad pasé de médico tratante a director de un gran hospital privado, miembro de una cadena de hospitales, sólo para gente rica. Mi sorpresa es que fui efectivo, se me dio el trabajo administrativo donde resolvía multitud de problemas, unos pequeños y otros…

El nosocomio tenía muchas especialidades, destacaba el área de cardiología, hay un excelente cardiólogo, una verdadera eminencia y la jefa de enfermeras era una atractiva joven treintañera, que además de su hermosura es una hábil profesional.

Una dama ya en la edad indefinida, en que no son ya jóvenes ni viejas se encamó en la sala con el diagnóstico de enfermedad coronaria leve, el marido, realmente ya viejo, escandalosamente rico (se pensaba en el narco) estaba pendiente de su mujer. Por desgracia una mañana la señora se quedó dormida y probablemente despertó con San Pedro.

“Cosas que pasan”, pensé. Cuál sería nuestra sorpresa que el poco tiempo el vejancón se casó con Elisa, la jefa de enfermeras. “El dinero manda”, volví a pensar.

Al poco tiempo el cardiólogo internó al recién casado por un infarto no severo, nada raro dada su edad y su nuevo estado matrimonial. Por cierto, la esposa lo acompañaba dando muestras de dolor.

—Te digo que hay que hacerle una autopsia, —me dijo un enfadado cardiólogo— el paciente no estaba para morirse en la noche y de la misma forma que su anterior esposa.

—¿Por qué ves el deceso como sospechoso?

—Sencillo —contestó— una inyección intravenosa de cloruro de potasio y parece un infarto masivo. Elisa, por supuestas razones religiosas me negó la autopsia. Recurro a tu autoridad.

¡Vaya dilema! Un escándalo de esa magnitud sería un golpe mortal para el hospital y para mí: adiós chamba. Me costó trabajo convencer al galeno que cambiara su actitud, al fin lo logré, pero enojado me dijo:

—No firmaré el certificado de defunción.

Bueno, para todo hay remedio, yo extendí el certificado y la viuda de inmediato mandó cremar el cuerpo.

 

 

 

2 comentarios

  1. A grandes problemas…grandes soluciones.
    MUY BUENO, Héctor, como todo lo tuyo.
    Shalom desde Israel

  2. Héctor hay que aprender de todo.
    Abrazos
    Natuka

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