Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la POLITICA DE COOKIES, , o
Política de cookies
Club literario Cerca de ti


Club literario El rincón del caminante

Asertividad

Asertividad

ASERTIVIDAD

En los últimos años de mi carrera en el ejército, siendo capitán primero de infantería, fui destinado como comandante de una partida militar en un pueblecito en la sierra de Chihuahua

Había sido tierra de narcos, así que las instalaciones militares para un pelotón (once soldados) fue construido a todo lujo por ellos que habían estado en convivencia con el mando antiguo. Hubo un escándalo, el comandante anterior desertó y se fue con los zetas, a los soldados los dispersaron en otros batallones. En fin, en la actualidad ya no hay narcos, se fueron a lugares más lucrativos. La partida quedó por aquello de las dudas, pero, olvidados por el mando.

Yo, voy para le mediana edad, solterón, pero con actividad. Eso ocasionó la debacle de mi carrera. Resulta que el comandante de la zona, un general viejo y viudo, pero con muchas estrellas, se casó con una pizpireta jovencita. ¡Pobrecita! El anciano no le daba servicio y yo por buena gente la consolé. Lo malo es que el chismoso del asistente del viejo le fue con el cuento y aquí me tienen en el destierro.

No es tan malo, hay muchas señoras que necesitan consuelo, ya que sus maridos están en USA de braceros. El periódico llega cada semana. Yo soy metódico, leo uno diario y vivo una semana atrasado. Un soldado es un excelente cocinero y tengo varios asistentes para mi ropa y la limpieza. Lo malo es el teniente que me mandaron como segundo de a bordo. Se siente desplazado, renegón y trata mal a los soldados, los pone a entrenamiento sin necesidad.

En mis vacaciones el teniente quedó encargado. ¡Vaya desastre! Por su mal humor, traía al trote a la tropa. Ya no lo aguantaban. Cuando llegué tenía dos días de difunto.

Me las olí, que en la comida le había puesto, el cocinero, heroína (por aquí abunda) a dosis altas y lo mandó a visitar a San Pedro. ¡Vaya problema! Tenía que ser asertivo, porque si no, adiós mi vida tranquila.

El único médico del pueblo, un viejito bonachón y borrachín, previa caja de coñac, me firmó el certificado de defunción por infarto agudo de miocardio.

Santo Remedio, el sargento ocupa el lugar del teniente y todos en paz.

4 comentarios

  1. asi funciona en casi todo aqui en nuestro Mexico querido la verdad se encuentra siempre del otro lado de las verciones originales saludos buen dia un placer el estar en tu prosa muy interesante y de actualidad

  2. Muy buen relato, Héctor.
    Fue un gusto leerte, el texto mantiene la atención todo su transcurso.
    ¡Felicitaciones!

  3. Muy interesante. Espero que la historia se mantenga lejos de la realidad.
    Shalom amigazo

  4. Humor negro excelente. Cuento corto que como dice Delia mantiene la atención.

Deja un comentario