Lo que ha trabajado Polemarco, en las últimas semanas, enfundado en su buzo azul marino, para poner a punto el avión lo gritan sus agujetas. Menos mal que se me ocurrió llevar un frasco de dos litros y medio de alcohol de romero para darle friegas en la espalda mientras Manuel y Pablo se encargaban de pilotar y Pedro revisaba un papeleo que siempre lleva a cuestas; las demás nos dedicábamos a cotillear y nos hacíamos la manicura unas a otras.
El avión de Polemarco es como nuestro área de descanso, el relax nos invade, precisamente porque no paramos de divertirnos, somos capaces de reírnos de una mosca mal peinada -por poner un ejemplo- Nos olvidamos del reloj y nos acordamos lo justo de lo que dejamos atrás durante dos o tres días.
Hemos estado en Venecia ¡Carnaval, carnaval! Aunque, a mí, con ponerme una goma me basta para que parezca que llevo careta, no puse objeción alguna a la hora de disfrazarme tal y como habíamos acordado. Estábamos invitados al palacete de un amigo de Pedro que nos proporcionaba, además de la estancia, los disfraces acordes a cada uno de nosotros, según su criterio.
El Duque de Monteleonini -nuestro anfitrión- tenía dispuestas a nuestra llegada cuatro góndolas, una de ellas, exclusivamente para nuestro equipaje, si el baúl de la Piquer era grande, cuando nosotras salimos de viaje lo dejamos chiquito. En la góndola que encabezada la expedición iban Polemarco y Manuel, en la segunda Pilar, Gabriela y yo, en la tercera Pablo, Mª Luisa y su marido Pedro; en la cuarta los equipajes. El gondolero nos resultó un chasco de hombre, en las películas cantan todos y aquél no decía ni pío, le insistimos para que nos deleitara con un cántico armonioso pero se puso a llorar porque resultó que era el día de su cumpleaños y nadie se había acordado de felicitarle. Nos miramos las tres y nos entendimos sin palabras. Pilar chasqueó los dedos y marcando: ¡Un, dos, tres! nos pusimos a cantar las mañanitas al unísono.
¡¡¡Estas son las mañanitas que cantaba el rey David … !!! El pobrecito se puso a llorar de la emoción y casi embarrancamos. Pilar, deportista donde las haya, tomó el remo entre sus manos mientras Gabriela y yo consolábamos al interfecto. ¡Qué manera de hipar! A todo esto, nosotras no dejábamos de cantar porque no se deben dejar las cosas a medias, Gabriela contagiada por el llanto del gondolero empezó a compungirse …
Pilar, viendo el panorama, dijo en plan amenazante:
-¡Cómo te pongas a llorar te atizo con el remo! ¿Me escuchas, Gabriela?
-Sí, sí, te escucho y dejando de lado al llorón le espetó:
-¡Venga majo, al tajo! No se puede consentir que toda una señora por muy deportista que sea, realice la labor que sólo a usted, le corresponde ¡Póngase a remar y deje de moquear!
-Eres la reina del pareado -dije yo- te han salido dos en un pis-pas. dirigiéndome a él añadí:
-¡O remas o no cobras!
Se levantó como si le hubieran dado un pinchotazo en salva sea la parte. Pablo se unió a nosotras, saltando desde la otra góndola y, de pronto empezamos a escuchar el ¡O sole mío! Lo coreamos con gusto e hicimos señas para que, desde las otras góndolas, acompañaran nuestro cántico. Mª Luisa y Pedro se unieron de inmediato haciendo los coros, sin embargo, Polemarco, Manuel y Pablo que había pegado otro brinco para reunirse con los chicos no nos hicieron ni caso, tal vez, porque les había tocado gondolera y andaban tirándole los tejos ¡Qué hombres, no pierden comba!
Por el tiempo que tardamos en llegar a nuestro destino, cualquiera diría que habíamos atravesado el Amazonas y si no fuera porque el paisaje era totalmente veneciano, hubiéramos tenido serias dudas sobre dónde nos encontrábamos porque además con la tripulación del avión nunca sabe una donde va a aterrizar.
Mª Luisa se mareó y se puso a echar las potas bajo El Puente de Los Suspiros -a partir de ahora le van a llamar El Puente de los Vómitos-
¡Qué no me vea nadie! -gritaba- y en cuanto abría la boca soltaba lastre. Estuvimos más de media hora parados mientras descargaba y al tercer vomitón, el gondolero, no sé si por solidaridad o por asco se puso a vomitar también. Gabriela hacía lo que podía, empujándoles la cabeza para que las vomitonas cayeran al canal. Polemarco preguntaba incesantemente: ¿Habéis acabado? ¿Necesitáis algo? ¿Queréis más kleenex? ¿Si me pongo de pie, volcaremos?
Teníamos las góndolas tan cerca unas de otras que parecía que íbamos todos en la misma. Polemarco, en un momento determinado saltó de una embarcación a otra para atender a Mª Luisa y cogiéndola en alto -con permiso de Pedro- se la colocó sobre el hombro derecho -ya no le dolía la espalda gracias a las friegas de alcohol de Romero- y se la llevó a la góndola “number one” a la vez que daba las indicaciones oportunas para la buena marcha de la expedición y, en cuanto colocó a Mª Luisa sobre el piso de la góndola gritó con el brazo en alto: ¡Avanti a tutta machina! y girándose hacia nosotros añadió: ¡Qué “pa” luego es tarde!
En diez minutos llegamos al palacio, o sea que estábamos a la vuelta de la esquina; salieron a recibirnos tres criados embutidos en mallas y con botas de goma porque el agua llegaba casi hasta el último escalón de la entrada y traían como ofrenda una rosa roja para cada una de nosotras, una toalla tamaño familiar y unas zapatillas de felpa para que nos cambiáramos el calzado antes de abandonar la góndola.
-¡Mala idea! -dijo Pilar- la felpa empapa; unas Katiuskas para el desembarque hubiera sido lo ideal.
-Para el desembarque de Nombardía -dijo Manuel- ¡Pongámonos las pantuflas y adentrémonos en palacio que tengo un hambre canina…
-Se dice de perro -corrigió Gabriela-
Y, en este punto todos nos pusimos a ladrar: guau … guau … guau
Los tres criados nos miraban con cara de estupor, seguramente pensando que estábamos mal de la cabeza ¡Qué poco sentido del humor!
La vida son cuatro días y sacar unas risas de las situaciones más inesperadas, son la mejor terapia para levantar el ánimo, incluso, del más momio.
Nos colocaron en habitaciones individuales aunque comunicadas entre sí, lo cual era un placer porque nos permitía campar a nuestras anchas sin tener que salir al pasillo y decidimos dejar las puertas interiores abiertas, de par en par, con la intención de no perdernos de vista. De pronto, escuchamos unos gritos que, sin saber si eran de susto o alegría, no impidió que nos abalanzáramos hacia el lugar de dónde provenían los graznidos. Era Pilar, entusiasmada con el disfraz que le habían asignado. Nada más que el vestido verde de terciopelo de Escarlata O´Hara en “Lo que el viento se llevó” ¡¡Precioso, precioso!! Mª Luisa dijo que con ese traje el viento no se la podía llevar porque pesaba lo suyo (el vestido no el viento) Le sentaba como un guante ¿Cuándo le habían tomado las medidas? De pronto caímos en la cuenta de que los demás no habíamos visto el resto de los disfraces y, mientras Pilar se miraba y remiraba en el espejo volvimos, escopetados, a nuestros aposentos con la curiosidad a flor de piel.
El mío era el vestido blanco de Marguerite Gautier “La Dama de las Camelias” ¡Qué maravilla!
Me coloqué el lacito rojo -distintivo de nuestro club- en el lado izquierdo a la altura de la cintura, me veía desbordante de glamour. A Mª Luisa le habían asignado un Sissi Emperatriz con los hombros al descubierto que quitaba el hipo al más pintado. Gabriela apareció vestida de María Antonieta y con un peluca de “aquí te espero, Baldomero”. Ya le dijo Pedro:
-Si se te cae la cabeza no será por culpa de la guillotina… será del peso del pelucón. Te voy a poner el lazo rojo en la cima del pelo ¡¡Qué guapas estáis todas!!
Y ellos, mis chicos ¡Qué atractivos y qué poderío derrochaban!
Manuel vestido como Clark Gable en lo que “El viento se llevó“ ¡Claro para ir a juego con Pilar que para eso son matrimonio! ¡Qué listo nuestro anfitrión, lo tenía todo pensado!. Polemarco vestido de Napoleón estaba tremendo; infundía respeto por lo bien que le quedaba el traje y su savoir-faire, Pablo -mi querido Pablo- artista dónde los haya- vestido de Leonardo da Vinci, Pedro iba de Francisco José, marido de Sissi ¡Qué espectaculares todos y todas!
Me emociono al recordar esos momentos.
Convocados a las nueve en punto de la tarde, emperifollados y dispuestos, comenzamos a descender por la escalinata. Nuestro anfitrión -el Conde de Monteleonini- nos esperaba a la entrada del salón vestido de … ¡No sabría decir de qué pero… vestido! Su asistente personal -que tenía pinta de mafioso- me escuchó cuando le dije a Manuel, que le iba a preguntar al Conde que de qué iba disfrazado porque me tenía sumamente intrigada; entonces dirigiéndose a mí y casi agachado -debido a su elevada estatura- me indicó en un tono amenazante y sobrecogedor:
-¡¡¡El Señor Conde tiene el privilegio de no disfrazarse nunca, viste así habitualmente!!!.
Se nos abrieron los ojos como platos, ante el esperpéntico personaje y Pablo me susurró al oído: ¡Pues ya le vale la tontería!
Era una mezcla entre Luis XV y La Martirio que tiraba de espaldas. Optamos por agradecer su hospitalidad sin hacer mención alguna a su indumentaria. Mantuvo y retuvo la mano de Gabriela más tiempo del que marca el protocolo, lo que indicaba que nuestra María Antonieta particular le había gustado y los hechos que acaecieron, en el transcurso de la noche, afianzaron nuestras sospechas. Ordenó cambiar las tarjetas con nuestros nombres, de manera que Gabriela se sentara a su lado.
-¡Siéntate a su vera salero! -le dijo Polemarco- y mira a ver si le sacas unas ostras con perla incluída.
Pedro durante la cena se metió una docena de ostras entre pecho y espalda por aquello de que son afrodisíacas y en cuanto descubrió, entre los invitados a su Sissi Emperatríz a la que hacía dos horas o más que no veía, los dos desaparecieron como por arte de magia y no les volvimos a ver el pelo hasta la mañana siguiente a la hora del desayuno, momento en el que nos confesó, con unas ojeras enormes, que su Sissi no era una mujer … si no una loba que le había tenido aullando durante toda la noche. ¡Bieeen por ellos que siguen alimentando el fuego de la pasión!
Polemarco se entusiasmó con una preciosa Josefina Bonaparte y desapareció de la fiesta sin despedirse -por lo que hemos podido saber se fugó a México a tomar tequila pero sólo son habladurías-
Gabriela, y yo nos pusimos ciegas a nécoras y langosta que, delicadamente, nos troceaban unos apuestos galanes que conocimos en la cena, los detalles no se cuentan porque somos unas auténticas damas tanto en la mesa como en la cama -hablo de dormir-.
Después de la cena se abrió el baile con orquesta y tuvimos la ocasión de movernos al ritmo de todo lo bailable, habido y por haber, desde lo más refinado al mayor despendole rockero. ¡Es que nos adaptamos a todo!
Al día siguiente por la tarde, poco antes de emprender el viaje de regreso, nuestro anfitrión nos recibió en su despacho para agradecernos nuestra presencia, soltándonos un discurso que parecía no terminar nunca. Nos besuqueó en ambas mejillas y nos entregó la llave -simbólica, claro- de su palacio. A las chicas nos regaló un bolso de Gucci para cada una, excepto a Gabriela que le suministró un juego completo de maletas. A los chicos les obsequió con un reloj de Armani y a todos y a cada uno de nosotros, nos impuso un colgante con cinta de raso del que pendía un cascabelito de oro (símbolo notorio del apellido familiar … Cascabelino)
Y, encantados de nuestra estancia en Venecia, regresamos por donde habíamos llegado coincidiendo, de nuevo, con el gondolero llorón que, en esta ocasión nos deleitó, sin pedírselo, con una versión muy particular de el brindis de la Traviata y mientras atravesábamos el puente de Los Suspiros cantábamos sin parar: Liviaaaaamo, lará lalalaralalá, lalalá laralalalá laralalara … o algo así.
Yo lo he disfrutado y espero que los demás también. Besos para toda la panda.
P.D. Como habéis podido observar la caracterización de cada uno de los protagonistas, es impecable.
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Comentario por Consuelo Labrado el febrero 20, 2012 a las 12:32pm ¡Qué desilusión! ¡Qué chasco! ¿Dónde están los demás protagonistas de la historia que no dan su versión de los hechos? Todos se apuntan y luego no despuntan. C´est la vie!
Gracias a Mª Luisa y a Polemarco.
Consuelo Labrado
Comentario por Consuelo Labrado el febrero 18, 2012 a las 9:32pm Polemarco, me has dejado alucinada con tu versión de los hechos, así que estuvisteis dándole a la grapa y venga grapa y más grapa ¡Por Dios! Una grapa os hubiera puesto yo en la boca para que no pudiérais beber ni agua jajaja Es broma ¿eh? Que un día es un día y seis media docena. Y yo que a Pablo le hacía dormidito y resulta que andaba de saltimbanqui con una paisana. No me ha contado nada pero lo hará o le hago un chantaje emocional que canta hasta La Traviata ¡Buena soy yo!
Lo que sí te agradezco es que antes de fugarte con aquella Josefina me dejaras la capa de armiño, ya sé que lo hiciste porque te estorbaba por el peso y las dimensiones de la misma pero a mí me ha venido de vicio al regresar al frío polar de Burgos. No te la voy a devolver porque ¡Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita! Es posible que se te olvidara sobre el diván y que tus intenciones no fueran regalármela pero hijo ¡De ilusión también se vive! En cualquier caso te estaré eternamente agradecida ¿He dicho eternamente? ¡Bufff, eso es mucho tiempo! Dejémoslo en que te lo agradezco con el alma y, sobre todo con los riñones que los tengo al jerez desde que utilizo la capa para cubrirme en estas noches invernales jajaja
¿Ya tenemos destino para el próximo viaje?
Un beso enorme comandante ¡Señor, sí señor!
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| VIAJE A VENECIA EN CARNAVALES - 2012
(2ª PARTE - ACLARACIONES)
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| VIAJE A VENECIA EN CARNAVALES - 2012
Y MEDIO (final.- ACLARACIONES)
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Comentario por Consuelo Labrado el febrero 17, 2012 a las 12:07pm
Hola Mª Luisa, aquí me tienes intentando hacerme un vestido de diario con el que me regaló el Conde Monteleonini Porque a ver dónde voy yo vestida de Marguerite Gautier ¡No procede que diría un abogado! Jajaja Lo mismo me sale un apaño tipo ¡Qué fué de Baby Jane! ¡Dios, no sé qué sería peor! Quizá acabe haciendo unos visillos para vestir las ventanas de mi casa e incluso de la tuya, me va a sobrar trapo, si te vienen bien dímelo que pedazo encaje y tul tengo entre mis manos jajaja
Si tu tiempo no te da para enviar mensajes a las musas, recita mentalmente 752 veces -ni una más ni una menos- ¡Ande andarás! Suele dar resultado pero no prometo nada jajaja.
Besos, guapa
Consuelo
Comentario por MARIA LUISA VENTURA SANCHEZ el febrero 17, 2012 a las 10:18am JAJAJAJA. Por favor, ni por un momento se me ocurre pensar que pretendas ridiculizar a nadie, todo lo contrario, me parece una buena forma de hacer amistad, aunque sea virtualmente. Me ha encantado el relato. Recuerdos de Paco-pepe.
Yo también le mando sms de vez en cuando a las musas, pero ahora no tengo tiempo ni de enviarlos.
Comentario por Consuelo Labrado el febrero 16, 2012 a las 5:07pm Hola María Luisa, no sabes cómo me satisface que te haya gustado "nuestro viaje". Yo lo he disfrutado que no veas jajaja. Yo tambien tengo etapas en las que escribo menos e, incluso NADA y me he dado cuenta que cuánto más lo aparco más me cuesta que la musa me coja el teléfono, así que le mando sms de vez en cuando para que no se olvide de mí cuando quiero hacer algo medianamente presentable.
Lo de las fotos me hubiera gustado ponerlas en el mismo relato pero no me las admitía todas, entonces he decidido ponerlas en los comentarios como si de un album de fotos se tratara. ¡Estáis guapísimos tod@s!
Tomo nota de las dotes cantarinas de Pedro por si se me ocurre otro viaje y le monto un karaoke o ¡vete tú a saber!
Lo que no pretendo en ningún momento es ridiculizar a nadie, invento sobre la marcha y procuro dar a cada cual un lugar simpático.
Un besote, Sissi Emperatriz y recuerdos a Francisco José (Paco Pepe para los amigos) Jajajaja
Comentario por MARIA LUISA VENTURA SANCHEZ el febrero 16, 2012 a las 1:20pm JAJAJAJA, Eres increíble Consuelo, y has decorado el relato con fotografías. Bueno, ni te imaginas lo que me hubiera gustado a mí vestirme de Sisí, me encantan esos vestidos de época. Lo que no sabía yo es lo de mis dotes para cantar nada menos que el Oh sole mío, Pedro, sin embargo, sí tiene buena voz para ello. En lo del mareo no has estado errada, para una vez que subí a un barco, todo me daba vueltas, (no llegué a potar), lástima que entonces no estuviera Polemarco. JAJAJAJA.
Me encanta como vuela tu imaginación y la naturalidad con la que la transmites al papel. Eres genial, genial y genial.
A ver si le robo un ratejo al día y puedo escribir más a menudo, algo que ahora me resulta casi imposible no solo por el tiempo, sino por que estoy poco inspirada. En fin...
Gracias por incluirnos en el relato.
Saludos.
Comentario por Consuelo Labrado el febrero 16, 2012 a las 12:38pm Bienvenido a
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