Efecto avestruz

avestruz

Leí en una revista de psicología que la felicidad no estaba en los actos o en las situaciones que vivieras, la felicidad era un estado
emocional de los ojos hacia dentro y solo le pertenecía a la persona… Debe ser así, en el sentido que una misma cosa puede dar felicidad a unos y tristeza a los otros, supongo que vendrá determinado también en la forma en la que integremos las cosas y por lo tanto, en la forma en que nos afecten…
Dicen sobre mí, que yo puedo cambiar el animo a cualquiera que se me acerque con una preocupación, pero que a la contra, no existe nadie que pueda cambiar el mío… eso es muy cierto y a pesar que hoy la busqué con desesperanza , ella ya estaba camino de su trabajo, simplemente no me siento, ni estoy feliz y no sé como variar mi estado de animo… Una parte de mi quiere hacer lo que hacen las avestruces, esconder la cabeza bajo tierra y esperar,  esperar meditando en nada, esperar a que cambien las circunstancias, las emociones, los errores, las dudas. Quizás sea esa la parte más sensata que tengo, la otra parte de mi, la valentona, quiere afrontarlo todo descaradamente, aunque las piernas no la acompañen y aunque el cuerpo no tenga fuerzas suficientes y mi yo mas interno está entre las dos partes, sintiéndose desdichado, sintiéndose detenido en su avance, sintiéndose solo y quizás también sintiéndose desubicado. Es como cuando ya sabes lo que esperas de las cosas y tienes que tener la cortesía de hacer como que lo desconoces, pero en esa cortesía está impreso una parte del coraje. Una parte de la impotencia presente y una parte de la injusticia futura y, te ves ahí, de nuevo, en la casilla número uno, acompañada de gente que hace ese camino por primera vez, tan ilusionados, tan ingenuos,  tan abiertos a que les sucedan cosas,  que se siente una especie de desazón enorme, es como si una parte de mi quisiera gritarles. “No hay nada más allá, sois más felices ahora”  y otra parte refrenará el ímpetu diciéndome que solo hay una cosa mas allá…

“LA EXPERIENCIA” que hay que dejar estar a los que mantienen su ilusión y si no hay una solución rápida, no hay que esconder la cabeza bajo la tierra como la avestruz y esperar a que las cosas cambien por si solas.

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